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Entrevista en SoloIndi.net

ENTREVISTA A ÁLVARO DÍAZ

soloindi.netEn Sólo Indi nos hemos ido hasta el Yutacatán para vernos con Álvaro Díaz, autor de El Legado del Sófer.

Hemos llegado hasta un pueblecito de pescadores llamado Progreso, a unos treinta kilómetros al norte de Mérida en la mexicana provincia de Yucatán. Allí nos sale a recibir Álvaro Díaz, el autor de la novela El Legado del Sófer.

Álvaro vive con su esposa y un recién adoptado perro llamado Pingo, según nos cuenta el propio Álvaro, a Pingo lo recogió su esposa de la calle hace un tiempo "y ya no se va a ir".

Álvaro nos cuenta que "hasta hace un par de años tenía una pequeña fábrica de paneles solares y lámparas de Led en Cancún, pero como no me presté a "negociar" con políticos, tuve que cerrarla. Para vivir hago algunas páginas Web de vez en cuando y mi esposa renta casas de veraneo en el pueblito y hace collares y aretes con conchas que recoge en la playa".

Álvaro Díaz en Progreso, YucatánSí leen El Legado del Sófer comproborán que los principios vertidos en él mediante el protagonista son propiamente los del propio Álvaro, y eso se ve en su sembante y la franqueza de su rostro: seriedad, honestidad, humanidad a raudales, gran capacidad de trabajo y compromiso sin reservas cuando decide que delante de él se encuentra con un motivo que lo merezca.

Pero eso no es todo, también nos cuentra que "invento cosas como distracción, incluyendo un motor de aire comprimido que una empresa española quiere para hacer automóviles, pero lo declaré de dominio público hace un poco más de un año".

En la terraza de su casa, apenas a unos cuarenta metros de la playa, inundados de una luminosidad propia de un cuadro de Sorolla, y tomándonos unos mates, comenzamos con nuestras preguntas:

Pregunta: ¿Hasta qué punto te consideras el personaje protagonista de tu novela?

El hecho de que la novela esté escrita en primera persona contribuye a la confusión, pero aunque hay algunos elementos autobiográficos que involucran al personaje principal (el narrador, en este caso), no soy yo.

Sí hay mucho de lo que hubiese querido ser: Un individuo brillante, con una situación económica privilegiada, a cargo de un legado histórico invaluable y llamado a dejar una profunda huella... a cambiar el destino de la humanidad. Pero ese anhelo no creo que me sea exclusivo... aunque la responsabilidad que recae sobre el personaje es enorme, no creo que alguien no quisiera tenerla sobre sus hombros.

Me refería a ese anhelo que trasciende de los deseos del protagonista: una sociedad nueva y más justa, basada en unos principios más ajustados a la Razón: ¿Era ése el deseo que querías plasmar desde tu personaje?

Sí, definitivamente ese anhelo del personaje también es el mío. No es casual que el Pentateuco (los cinco primeros libros de la Biblia) sean la base de todas las religiones de occidente y oriente medio. Es texto sagrado del Islam y la Torah judía coincide exactamente. Allí se plasmó la historia de la evolución humana, las bases del Estado de un pueblo errante, sin tierra. El "Levítico" es un código penal en el que se establece la pena para cada culpa. La organización del Estado se plasma en el "Éxodo". Esas bases de organización de la sociedad están plenamente vigentes, a tal punto que hay directivas claras incluso para evitar el enriquecimiento excesivo... el "Jubileo" es exactamente eso.

El problema es que las ancestrales miserias humanas lo convirtieron en un libro religioso, aún cuando en la Biblia se condena la adoración de los ídolos. Cuando la Biblia dice que no deben comerse animales de tres pezuñas, no se trata de un mandato divino inmutable, se trata de que los animales de tres pezuñas, como el cerdo, tienen una gran afinidad genética con los humanos... 23 pares de cromosomas, lo que los hace susceptibles a trasmitir enfermedades a los humanos. Era una medida profiláctica.

Álvaro Díaz con "Pingo"En definitiva y para no irme por las ramas: La historia ha sido siempre la principal fuente de conocimientos y en ella encontramos claras referencia de hacia dónde debe evolucionar la humanidad. No me refiero a añorar lo pasado, sino a evocar la historia como fuente de información, como cimiento para construir el futuro.

En varias reseñas que he leído sobre El Legado del Sofer he observado que los reseñadores reparan en la falta de identidad concreta del protagonista, unos no recuerdan cómo se llamaba y otros conjeturan acerca del porqué de este hecho. ¿Es posible que la confusión acerca de la identidad de Dios que se plantea en tu obra haya sido el motivo de que el personaje carezca de nombre? ¿O tiene que ver con un mecanismo interno y subconsciente del autor?

La falta de nombre del protagonista ha sido deliberada y el hecho de que en algunas reseñas hagan referencia a "no recordarlo" ha sido para mí un halago tácito, ya que confirmó mi teoría. Implica que la falta de nombre no significa falta de identidad. Creo que la identidad del protagonista es tan clara y definida que el lector no echa de menos la ausencia de su nombre.

Al comenzar a escribir me propuse no dar su nombre, motivado por el hecho de que el "requisito legal" de tener un nombre, o el motivo práctico de tenerlo, no determina la identidad real de un individuo. Creo que el "nombre" se construye y sólo es trascendente por las acciones que lo respaldan. El nombre es apenas una necesidad de nuestros cerebros que requieren de la verbalización... por eso un episodio importante del "Génesis" refiere a que el hombre "nombró" todas las cosas. Ese brillante libro de antropología interpretó a la perfección la evolución del cerebro humano y el uso de símbolos para representar las identidades.

Pero la identidad en sí misma va mucho más allá del nombre... el nombre es sólo el símbolo que representa a la identidad.

Después, al desarrollar el texto, me dí cuenta que con Dios ocurría exactamente lo contrario: Tenía muchos nombres, pero no tenía identidad. YHWH (Yahveh o Jehovah, según la traducción), Adonai, Elohim, El, Eloah, todos son nombres de Dios, son símbolos. ¿Pero símbolos de qué? Cada religión o corriente de pensamiento tiene su propio concepto abarcado en los mismos símbolos. Eso plantea un problema de comunicación que siempre me ha inquietado. Si tu vieras el color verde como yo veo el rojo, podríamos hablar del verde por semanas sin enterarnos de que hablábamos de cosas diferentes. Es alarmante.

Según tú mismo, consideras tu novela, El Legado del Sofer, como un anti-thriller, ¿podrías aclararnos ese concepto?

Debo aclarar primero que eso de "anti-thriller" surgió como una broma privada y me parece interesante que esta pregunta surja justo ahora, porque está muy relacionada con mi respuesta anterior.

Una periodista de un periódico local me entrevistó y utilizaba el término thriller constantemente con relación a mi novela, lo que me dio la pauta de que no la había leído o no tenía idea del significado de thriller. Esa palabra inglesa que los malos traductores americanos nos llevaron a adoptar, deriva de la palabra "thrill", que significa "asustar", "estremecer" y se aplica a un género literario o cinematográfico para el cual tenemos una palabra (un símbolo) en castellano: "suspenso" o "suspense" como se dice en España.

Ese género se caracteriza por la acción constante y un ritmo narrativo rápido que induce al vértigo. Todo lo contrario de lo que sucede en mi novela. Así que, un poco indignado por la ignorancia de la periodista (yo esperaba que si venía a entrevistarme, al menos supiera porqué) opté por el sarcasmo y le aclaré, a modo de de broma, que mi novela era un "anti-thriller".

Evitar persecuciones frenéticas por París, misteriosos asesinatos y villanos fantásticos fue mi decisión desde el principio. No quería distraer la atención de un tema interesante y bien sustentado históricamente con superficialidades. El lector merece respeto... y el idioma también.

Adoptar un símbolo ajeno cuyo alcance y contexto no comprendemos, para sustituir una palabra de nuestro propio idioma me parece patológico. Una patología propia de la globalización mal entendida, que tiende más a la pérdida de la identidad cultural que a la integración.

En resumen, mi broma del "anti-thriller" adquirió mayor dimensión porque a la periodista le gustó la palabrita (que tampoco comprendió) y el título de su artículo en el periódico fue "Publicar un Anti-Thriller"... Me viene a la mente un comentario de Eduardo Galeano: "Aveces conozco a algunas personas y me pregunto ¿ése fue el espermatozoide más rápido?".

La novela se hace corta, sobre todo desde que finaliza el proceso de traducción del original que lleva acabo el protagonista, parece que la novela corre hacia el final, ¿eres consciente de este hecho? ¿O por el contrario responde a la intención inicial a la hora de plantear la arquitectura de la trama?

Sí, sí, soy consciente... Normalmente, que digan que la novela "se hace corta" sería un halago, pero en este caso lo asumo como una crítica.

La novela, en realidad son dos libros, uno dentro de otro. El libro escrito en piedra que se traduce es el núcleo, mientras que la novela que lo incluye es como una capa externa que lo contiene, explica y ubica en el contexto de la sociedad contemporánea... de hecho, pretendí que la novela en sí misma fuera el verdadero "legado" referido en el título.

Después de terminar la traducción, el protagonista se enfrenta a una misión diferente y mientras escribía, se me presentaron dos opciones. Una era darle una conclusión, mientras que la otra opción requería de desarrollar el periplo del protagonista dando a conocer "la verdad" a la humanidad. Esta última alternativa me resultaba más atractiva en principio, pero dudé de mi capacidad para llevarla adelante.

Mientras escribía el capítulo "Primum vivere deinde philosophari", me percaté de no estar preparado en ese momento para la tarea. Esclarecida la identidad de YHWH y contando con las pruebas irrefutables de que se trataba de un hombre y no de un ser divino, las múltiples y delicadas implicaciones de esa verdad sobre la humanidad requerían de un estudio más profundo de mi parte.

En la novela lo confieso a través del protagonista. No se trataba solamente de las consecuencias geopolíticas, económicas y filosóficas. Israel existe porque el Dios de los judíos se los prometió (aunque la ONU haya asumido la tarea); el Dólar, desde 1971, tras renunciar al "patrón oro", cotiza más basado en la frase impresa en sus billetes ("IN GOD WE TRUST") que por su valor verdadero; el Papa sigue dirigiendo una de las multinacionales más poderosas del mundo, aunque cada vez tenga más competencia.

El problema real, el que más miedo me daba tratar, es el de la gente común y corriente, la gente que basa todas sus esperanzas en la existencia de un dios. ¿Cómo reaccionaria una sociedad alienada y dominada por los medios y las corporaciones si le quitan su única esperanza? ¿Cómo caminaría ese tullido sin su bastón? ¿Qué mutaciones acarrearía a los valores familiares y a la interacción humana?

Decidí que la actitud más responsable era concluirla donde concluye.

Desde luego, uno se queda con cierto regusto de haber querido más, sin duda porque la novela se hace amena y el camino te lleva a pretender acompañar al protagonista en esa magna y dificultosa tarea de desvelar al mundo su secreto, sin embargo, tras reflexionar unos instantes, se llega a la conclusión de que acaba como debe acabar: tiene un final redondo cuando comprendes que El Legado no es el Libro tallado en piedra, sino la propia historia que el protagonista nos narra. En esta historia has utilizado al protagonista como narrador en primera persona, ¿te desenvuelves mejor con este tipo de narrador o es meramente circunstancial, inherente a la obra en sí?

No, al contrario. Narrar en primera persona me resulta más difícil. Al verse obligado a representar el entorno de la novela desde un único punto de vista, hay aspectos que se dificultan.

La narración en primera persona era una necesidad, considerando mi propósito de que la novela en sí misma fuera "el legado". Además me permitía sembrar la duda en el lector de si la novela es una crónica real, el verdadero testimonio de los acontecimientos narrados o una obra de ficción.

Entre mis propósitos iniciales estaba el tratar de darle a novela diferentes niveles de lectura, es decir, que se pudiera leer "superficialmente", como mero entretenimiento, o profundizar en ella desentrañando aspectos más profundos, atravesando sus capas hasta llegarle a la médula.

Entiendo que fue ambicioso de mi parte y sólo los lectores podrán determinar si lo he logrado o no, pero mi intención fe que la segunda lectura (si alguien osaba releerla) no fuera igual que la primera, que hubiera elementos nuevos, un nuevo grado de comprensión a partir de la información de la lectura inicial.

Eso es mucho más difícil de lograr relatando en primera persona.

Con Álvaro Díaz te puedes tirar hablando todo el tiempo que quieras, porque su erudicción y entendimiento te encandilan sin remedio. Desde Sólo Indi queremos agradecerle su generosa amabildad para con nosotros y esperamos que quienes lean esta entrevista comprendan mejor a qué tipo de autor se acercan cuando decidan leer su novela.

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